· Contagio y transmisión del Ébola por fluidos

La principal vía de transmisión humana del virus del Ébola, aunque no la única, es el contacto directo con fluidos corporales de una persona infectada  (sangre, semen, excreciones, sudor y saliva). El riesgo de propagación entre el personal sanitario resulta muy elevado, sobre todo si no se garantiza la esterilización de los equipos. En las zonas endémicas, la falta de higiene y de seguridad causan la muerte por contagio de médicos y enfermeras durante las epidemias, favoreciendo así las infecciones nosocomiales.

La transmisión del virus del Ébola puede producirse también a través de los familiares del paciente que hayan tenido contacto previo con los fluidos corporales del infectado, ya sea vivo o muerto. Los ritos funerarios de algunos pueblos de África Central, como el de lavar el cuerpo para luego enjuagarse las manos en una cuenca común, favorecen la propagación del virus del Ébola a través de la familia y los amigos de los fallecidos y familiares.
ÉBOLA FRENTE AL OZONO


La molécula de Ozono (O3) es una molécula de Oxigeno (O2) que, mediante la adición de un tercer átomo de Oxígeno (O1), se convierte en O3. Resulta sumamente inestable ya que, con su carga iónica negativa, es atraída rápidamente por las cargas iónicas positivas de los microorganismos patógenos, los cuales son oxidados y por tanto, destruidos casi al instante, destruyéndose a la vez el propio Ozono y quedando como residual, de nuevo, el Oxígeno. Por tanto, el Ozono es un gas que resulta inútil de almacenar por su rápida convertibilidad, debiéndose generar in situ en el lugar de aplicación.
La prevención y
desinfección con Ozono

El Ozono es el único antiséptico completo (virus, bacterias, hongos, levaduras, esporas, protozoos...), que destruye fácilmente los gérmenes patógenos del ambiente, como son la Legionella o los comunes E.coli y Salmonela, impidiendo la aparición de mohos y otros hongos. El Ozono oxida la pared célula de los microorganismos, rompiéndola y atacando directamente los constituyentes de los ácidos nucleicos (ADN y ARN).



El efecto Viricida
Los virus, hoy considerados frontera entre los seres vivos y la materia inerte, no son capaces de vivir ni de reproducirse si no es parasitando células a las que finalmente destruyen. A diferencia de las bacterias, los virus siempre son nocivos y provocan enfermedades tan comunes como son la gripe, el catarro, el sarampión, la viruela, la varicela, la rubéola, poliomielitis, hepatitis o el Ébola.
Tanto los virus como cualquier otra clase de microorganismo, no pueden desarrollar inmunidad al Ozono. El Ozono actúa sobre los virus oxidando las proteínas de su envoltura y modificando así su estructura tridimensional. Al ocurrir esto, el virus no puede unirse a ninguna célula hospedadora, resultando inhibido. Sin reconocer su punto de anclaje y al encontrarse desprotegido, no puede reproducirse y muere.
Causas de contagio

Al estornudar, toser e incluso hablar o respirar, se despiden bacterias de las cavidades nasales y bucales, las cuales pasan al aire en forma de gotitas microscópicas capaces de transportar bacterias y por supuesto virus, ya que la característica de su aerotransporte no es el tipo de patógeno, sino su peso y su tamaño. Las de mayor tamaño no tardarán en depositarse en el suelo, sobre los objetos y el mobiliario, así como en la piel, ropas y vendajes de cualquier persona. Las partículas más pequeñas seguirán flotando durante un tiempo más prolongado, llegando a las vías respiratorias al ser respiradas y depositándose sobre las manos, algo que servirá también como punto de partida para una posterior infección.

Se calcula que aproximadamente el 90% del polvo de cualquier estancia procede de las escamas de piel de sus ocupantes y no del exterior del inmueble, razón por la cual, un edificio hermético se llena de polvo igual que uno que se airea continuamente.
Su nombre proviene del río Ébola (República Democrática del Congo, antiguo Zaire), donde fue identificado por primera vez durante una epidemia con alta mortalidad en 1976. El virus del Ébola causa fiebre hemorrágica viral, la cual se refiere a un grupo de virus que afectan a múltiples sistemas de órganos en el cuerpo y con frecuencia se acompañan de sangrado. Los primeros síntomas incluyen la aparición repentina de fiebre, debilidad, dolor muscular, dolores de cabeza y dolor de garganta. Más tarde progresan en vómitos, diarrea, alteración de la función renal y hepática y sangrado, a veces interno y externo.
Los casos de transmisión a través de semen se han producido hasta siete semanas después de la recuperación clínica del paciente.

El contagio puede ocurrir en personas que manejan primates infectados, vivos o muertos, como, por ejemplo, los monos Cercopithecus que se venden en los mercados de carne de caza en la República Democrática del Congo. En las zonas donde los murciélagos de la fruta son particularmente abundantes, como en Abiyán, este animal es una fuente grave de la infección.


· Contagio y transmisión del Ébola por el Aire

Ha podido constatarse, en condiciones experimentales, que el virus también pasa a ser transmitido por el aire a través de gotitas o partículas de aerosol. El Departamento de Salud de Canadá afirma que existe una fuerte sospecha de transmisión aérea del Ébola y el Centro para el Control y Prevención de

Enfermedades  (CDC) de Estados Unidos admite que el Ébola se puede transmitir en situaciones en las que no hay contacto físico entre las personas, es decir, a través de la inhalación de aire directamente en los pulmones, en los ojos o a través de cualquier mucosa o incluso herida abierta. La transmisión también viene dada por medio del contacto con fómites, que son objetos inorgánicos inanimados,  contaminados con agentes infecciosos (células de la piel, pelos, etc.) y que son transportados por el aire para adherirse a las superficies cercanas.

Todo esto ayuda a explicar el motivo por el que un gran número de médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud han muerto en África occidental a pesar de utilizar precauciones como son los vestidos especiales, los guantes y las máscaras. Por tanto, a pesar de que el principal modo de transmisión del virus del Ébola se da a través del contacto directo con el cuerpo o los fluidos corporales de los infectados, resulta tan imprudente como insensato ignorar el contagio producido por el virus en suspensión en el aire.
Si pasamos un trapo por encima del marco de cualquier puerta, siempre encontraremos polvo, algo que indica que esas escamas llegan tanto al techo como a los pulmones de quien las respire. Resultaría de gran ingenuidad pensar que una bacteria o un virus no es capaz de cabalgar sobre esas grandes escamas de piel hasta alcanzar cualquier lugar de esa estancia. Se considera que la mayoría de los gérmenes que flotan en el aire no proceden de la nasofaringe, sino de la piel del personal.
Al conocerse la noticia de que el virus del Ébola había resurgido en Uganda, investigadores canadienses decidieron realizar un estudio para averiguar y demostrar que el virus, además de que puede extenderse entre distintas especies, puede hacerlo a través del aire. El equipo, compuesto por investigadores de la Universidad de Manitoba y de la Agencia de Salud Pública de Canadá, pudo observar cómo se transmitía el Ébola desde los cerdos a los monos. Para ello, primeramente se inoculó a varios lechones con la cepa Zaire del virus del Ébola (la cepa más letal, con tasas de mortalidad de hasta el 90%).
Los lechones fueron colocados en una habitación junto a cuatro macacos, aunque éstos fueron separados por jaulas de alambre para evitar así el contacto directo entre las dos especies. A los pocos días, los lechones inoculados ya mostraban signos clínicos de infección por Ébola. Después de ocho días de exposición, dos de los cuatro monos mostraron signos de infección del Ébola y cuatro días más tarde, los otros dos monos también estaban enfermos. Aunque el estudio proporciona evidencias de que la transmisión del Ébola entre especies es posible, los investigadores aún no pueden decir con certeza cómo ocurrió en realidad esa transmisión, aunque parece evidente observar que existen tres posibles candidatos para la vía de dicho contagio, que son el aire, las gotas y los fómites. El doctor Gary Kobinger sospecha que el virus se transmite a través de gotitas y no de fómites, porque la evidencia de infección en los pulmones de los monos indica que el virus se inhala.
El experimento de los cerdos y los monos
TRATAMIENTOS CON OZONO
Existen generadores de Ozono de multitud de potencias y tamaños, pudiéndose utilizar para tratamientos atmosféricos, donde se desinfecta aire y superficies, así como para tratamientos de líquidos, donde al reaccionar con el agua, generará hidroxilo, un elemento aún más oxidante que el propio Ozono. Generadores de tipo portátil pueden trasladarse y utilizarse fácilmente en cualquier misión humanitaria. Pueden tratarse pozos y fuentes de agua, limpiar a fondo con agua ozonizada, tanto instrumental, mobiliario, suelos y tejidos, así como las manos del equipo sanitario o la piel de los propios enfermos. Las ropas lavadas con agua ozonizada quedan completamente desinfectadas y desodorizadas.

Mediante ozonoterapia pueden tratarse las lesiones de la piel para secarlas y cicatrizarlas de forma casi inmediata. Oxigenar tejidos y musculatura, así como eliminar radicales libres, los cuales ocasionan el envejecimiento celular, permiten una reparación y rejuvenecimiento evidente en poco tiempo.
Aunque las heridas se encuentren cubiertas con vendas, tanto virus como bacterias pasan también a la atmósfera desde la superficie de las heridas purulentas. Éste modo de propagación amenazará especialmente el aire de las salas de cura y de operaciones. Durante el curso del vendado o de la operación, virus y bacterias se depositan en las heridas de otros enfermos y en las vías respiratorias de toda persona que acceda al lugar.
El hipoclorito de sodio o NaClO, cuya disolución en agua es conocida como lejía, es un compuesto químico fuertemente oxidante, que se ha utilizado para desinfectar posibles áreas contaminadas por Ébola. El potencial electroquímico del Ozono es de 2,07 eV frente a los 1.49 eV del hipoclorito y los 1.36 del cloro gas.

Por tanto, el Ozono representa el oxidante más potente y efectivo después del flúor
LA DESINFECCIÓN QUÍMICA FRENTE AL OZONO
(muy tóxico para el ser humano), acelerando el tiempo de desinfección frente a cualquier agente químico, algo esencial en la protección frente a los virus más letales. Por otro lado, el hipoclorito resulta muy peligroso de manejar, ya que además de poder causar graves quemaduras, al acidular en presencia de cloruro, libera cloro elemental, que en condiciones normales, se combina para  formar el tóxico gas dicloro, motivo por el que
debe almacenarse alejado de cualquier ácido. Tampoco debe mezclarse con amoníaco, ya que puede formar otro gas muy tóxico, las cloraminas.

Por último, debe tenerse en cuenta que existen muchos patógenos resistentes al cloro, algo que no ocurre con el Ozono, cuyo poder oxidante llega a una asepsia absoluta, ya que oxida las paredes de bacterias e incluso esporas y destruye los ácidos nucleicos (ADN y ARN) de cualquier microorganismo.

>  Ëbola frente al Ozono
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